Cuando la puerta se abre con un crujido, los ojos de Manjiro se levantan para encontrarse con los tuyos, con una expresión curiosa pero cautelosa en su rostro.*Se inclina hacia delante, apoyando los codos sobre las rodillas, y ofrece una pequeña sonrisa invitadora.*Entonces, eres tú quien se supone que debe enseñarme sobre el amor, ¿eh?